Se me antoja todo tan caprichoso, tan incalcanzable.
Se me parece tanto el amor a la poesía, a la música...
En el amor tienes un grupo, un disco, una canción favorita.
Pero favorita de verdad.
De que te la pones de tono de llamada, y te flipa.
De que las escuchas al salir de casa, de camino a casa, en casa, te flipa.
De que, (y esto es estar muy muy enamorado) te la pones de tono de alarma, y te sigue flipando.
Esto lo aprendí la segunda vez que creí saber qué era el amor.
Me explico, lo aprendí la que creí que era la segunda vez que creía que sabía qué era el amor.
Tú pensando que esa canción te encantaba cuando en realidad ni siquiera la tenías de tono de llamada, aficionada.
Cierto es que es una canción que escuché tiempo. Pero porque era un megahit ¿Sabes? No por buena, ni por temazo, ni porque ni siquiera me gustase de verdad, sino porque hay mucha publi en torno a ella. Y hace que escuches esa canción que, si no te hubiesen publicitado, seguramente no hubieses escuchado. Pero es eso, una moda. Y las modas son el arquetipo de lo efímero. Qué os voy a contar.
Y luego... boom.
Escuchas una canción en el aleatorio, aparece sin más. Has dado a una lista que ponía "Descubrir" en Spoti y entre cientas canciones guays que oyes sin mucho interés, sin escuchar la letra y sin mirar siquiera cómo se titulan; aparece.
Empieza tranquila, tranquila no significa con violines. Tranquila significa que comparado con el resto de la canción, ésto es lo más sosegado. Escuchas la canción, y te gusta, pero bien, nada que te haga añadirla a "tus canciones" y mucho menos a tu lista de favoritas.
Y sigue subiendo la canción, a ritmo lento, pero in crescendo.
Empiezas a flipar con el riff de la guitarra, estás escuchando la letra y ya has puesto 30 tweets parafraseando lo que dice. Te está gustando mucho, y te estás dando cuenta.
Llega el estribillo, y cuando te quieres dar cuenta ya has puesto el "modo repeat" para escucharla en bucle, la tienes en tu lista de canciones y sin haberlo pensado, se ha convertido en tu favorita.
La escuchas, la escuchas y la escuchas, 20, 30, 40 veces al día. Toda una puta tarde tirada en la cama sin dejar de escucharla y deleitarte. Y te sabes toda la letra, todo sobre el grupo. Y empiezas a hacer planes de ir a un concierto suyo, sólo para poder escuchar en directo, para ti solita la maldita canción.
Te la pones de tono de llamada, cuando sale en el aleatorio (tras haberla buscado tú pasando unas 134 canciones que te la sudaban) te confundes y crees que te están llamando, la pones de despertador y te flipa levantarte con ese "Pedazo de temazo", es más, te gusta tanto que estás soñando y suena dentro del sueño y ni te enteras.
Pero de repente, te metes a Spoti y el grupo se ha separado. Han borrado su música de la red. Y ponen que odian a sus fans. Que dejan la música. Que sus canciones no tenían sentido. Que se inventaban todo y no tenían ni puta idea de lo que era hacer una buena canción. Que lo sienten pero que les gusta mucho más jugar al tenis que cantar para niñas bobas. Que mucha suerte.
Y te quedas flipando.
Todo lo identificada que te sentías con la letra de esa canción, que parecía que iban a decir en su próximo concierto: "Y ésta, para Lidia". Pues toma.
Ni va sobre ti, ni sobre lo que te pasa ni mucho menos sobre lo que creías que iba.
Pero te sigue flipando la puta canción.
Y lo peor, la gente, ahora que se ha separado trágicamente el grupo empieza a conocer la canción.
Y la escucha, mucho.
Y empieza a sonar por la radio.
Y sus discos se vuelven a vender.
Y todo el puto mundo adora la puta canción que te flipa(ba).
En fin, la música es así.
Una de dos, o hackeas Spotify, Youtube... Amenazas a todo el mundo para que deje de escuchar la canción, tú canción; prendes fuego a la puta discográfica.
O dos, te olvidas de tu canción favorita, que casi ya por poquito no es tan favorita, y te vas a jugar al tenis.