jueves, 6 de octubre de 2016

Esto no va de amor, pero está hecho con todo el del mundo.





Hace tanto que me alimento de indiferencia que me descubro siendo indiferente a mi misma.
Si somos lo que comemos, soy desprecios.
No me preguntes por qué no te trago.

Esto no va de amor porque nunca hubo propio.
Y está hecho con todo el del mundo que, tristemente, es POQUÍSIMO.

Sigo pensando que la única demostración de que el amor existe son mis padres, les culpo ( y les admiro) por mis altas expectativas en cuanto a respeto, amor y felicidad se refiere.
Mi corazón está tan sumamente acostumbrado a lo malo, al amor mal, al no amor  que tolero lo intolerable,
 que vanaglorio lo que debería ser el mínimo exigible...

Ya saldremos a flote,
 mi corazón era un barco que se ha hecho submarino, 
ya no teme tocar fondo.

Sé que el día que sepa lo que es que te quieran de verdad, me va a petar el corazón.

Pero mientras, el tiempo pasa. Y seguimos igual.
Sobrevivo a la rutina con cerveza, pizza y algún morreo;
pero sobrevivo y supongo que eso es bueno.

La evolución nos ha dado la posibilidad de andar sobre dos piernas y la capacidad de razonar.
Y yo no sobrevivo sin alguien en quien apoyarme (blowakiss...) Selección natural a mi.
....y me río yo del "cabeza-corazón". 
Todo al rojo.
Al que late.
Gana la banca.

A veces rozo la ludopatía, y sigo apostando por ti.
Siempre he sido un poco kamikaze y voy en el sentido contrario al que va el tiempo pero.
Casi me auto-convenzo y dejo todos mis vicios, 
pero llegaron las perseidas y sólo pude pensar en una idea:


He visto tantas estrellas fugaces que hasta he podido deletrearte.


Que me prendas, que me soples, que te cumplas.




jueves, 5 de mayo de 2016

Deshojando una verdad que nos mira a la cara

Hola, todo ha empezado porque el aleatorio ha puesto "Por mi tripa" de Pereza.
Y boom.

Cómo una canción de un grupo que conocí con tan sólo 12 añitos, hace 8 (que se dice pronto)(que se dice vieja, ejem) me puede seguir poniendo la piel de gallina, sacando esa lagrimilla que guardo para las mejores ocasiones (¡Éstas!) y haciendo que mi cerebro mande la señal de gritar esa letra que me sé mejor que el apellido de algún colega.

Y oye, que vuelvo a creer en el amor. Así, a bocajarro, de frente, sin preliminares de ningún tipo.

Porque te juro que hay canciones que no me dejo de poner día sí, y día también.
Canciones que me dan ganas de hacerme mil km en coche y dormir en una playa.
Canciones que me sacan a bailar aunque tenga heridas en los pies (tampoco necesito yo mucho para arrancarme por bulerías)
Canciones que me hacen llorar, me ponen tristísima, me ponen eufórica... canciones que me ponen.
En general. Y en particular...pues también.
Canciones que me hacen no parar de moverme, que me resultan interesantes, que me hacen sentirme muy bien.
Es decir, hay miles de canciones que me hacen sentir y querer mil cosas.
Hay miles de canciones que pienso que podrían llegar a ser mis favoritas, y algunas, tras escucharlas un tiempo eres consciente de que sólo han sido un producto fabricado por la moda del momento para que lo disfrutases ese ratito. Y ni tan mal.

Pero el acordarme de canciones que hacía tiempo que no escuchaba, que escuché por primera vez hace tanto tiempo y que aún me siga sabiendo su letra, su melodía y que me siga haciendo sentir los mismos escalofríos. Wow.

En fin, supongo que siempre habrá "el 1º de los 40", "la canción del verano", "el nº1 de la Billboard", pero siempre nos quedarán esas canciones que son como volver a casa.

Y eso, que  siempre hubo clases donde reinaba un rey.

jueves, 7 de abril de 2016

Hacersentirdecir

No pido nada de otro mundo
y por lo visto, tampoco nada de este.

Pocas cosas tengo seguras en mi vida. Por no decir, nada.
No tengo nada claro en mi vida.
Soy como ese pez muerto que se deja llevar por la corriente.
Dejándome llevar por lo-que-se-supone-que-debes hacersentirdecir y es como una eterna lucha cabeza/corazón.

No entiendo a la gente que es puramente racional, que saben domar a su corazón o que simplemente siempre dejan ganar a su cabeza.
Juro que a veces les tengo envidia por saber tomar decisiones dejando a un lado los pensamientos y, sobre todo, los sentimientos en algo que está plagado de ellos.

A veces puede parecer que exagero, que yo no puedo sentir las cosas que siento mucho tan fuerte. Pero es así. Odio las medias tintas, pero no porque sea una decisión, sino porque no sé hacersentirdecir de otra manera que no sea mucho y muy fuerte.
Como todo lo bueno, vaya.

Me pone tristísima contar a alguien algo sobre un tema que me gusta y no poder explayar todo lo que siento por ello para no parecer una perturbada.
De verdad, ojalá alguien, algún día con quien poder hablar de las pasiones de la vida.
Lo que le mueve de verdad a esa persona. Lo que me mueve a mi de verdad.
¿Pero habéis visto la cara, los ojos, los gestos de alguien que te está explicando algo por lo que siente verdadera pasión? FLI-PAS.

Y es que la pasión, si es por un equipo de fútbol, todo guay.

Ahora di tú que te pone tristísima pensar en que jamás vas a conocer a tu escritor favorito, o que con casi total seguridad no llegues a tener nunca tu cuadro favorito. Intenta explicar a alguien que lees a algunas autoras (cuyo fin elegido no fue auto-impuesto) porque te gustan, pero sobre todo porque te duele no haberles conocido para poderles haber dicho: Eh tía, que no estás sola, dame un abrazo. Intenta explicar a alguien lo que sientes al escuchar esa canción, esa melodía. Que te pone contentísima el  mero olor de un perfume que usabas hace tres años, que recuerdas el olor de esa persona casi tanto como el color de sus ojos. Que tienes pánico al olvido de los buenos momentos, que has sido consciente de que son la gasolina para el resto. Ahora vas tú, con un par, y le intentas explicar a alguien que ser joven está de puta madre, pero no quieres ser joven. Y no es no querer ser joven porque quiera ser mayor. Es el vértigo al no saber, la incertidumbre. Intenta explicar que es como que pasan los días como si esperases a algo en tu vida, como cuando esperas al verano, pero dentro de varios años. Me mata el "¿Y si no?"...

Pero yo qué sé, mi reino por saber qué hacer con todo.

Y la pregunta de mi vida; ¿Encontraré a alguien que me entienda algún día?

sábado, 19 de marzo de 2016

Hemos venido a jugar


Creo que cuanto más intento entender algo, menos lo entiendo.
Es como si para intentar ver algo más nítido me acercase cada vez más y más a ello.
Es seguro que existe un punto en el que consiguiría verlo de manera clara, pero yo seguiré acercándome más (por eso de que no creo en los puntos medios), soy una cabezota que sólo intenta entender algo que me importa.

A veces siento que me consume la empatía.
Me consume, me carcome los huesos y me deja peor de lo que estaba antes de.
Es como si esa empatía a parte de condición que considero tremendamente positiva para relacionarse con los demás, fuese una lacra.
No sé gestionar ese punto medio. 
No sé dónde poner el límite para que el implicarme de manera activa en algo no desemboque en una "atribución" involuntaria de ese problema y lo sufra como mío.
Pero también a la inversa, me frustra profundamente no poder sentir lo que puede estar pasando esa persona.
Básicamente, me siento frustrada porque mi desconocimiento limita tremendamente mis capacidades para poder ayudarle.

Pero no me importa, voy a morir de empatía.
(Saber de qué vas a morir y no poner remedio es otra forma de suicidio emocional, y qué)

Quizá todo se trate de reciprocidad.
Bueno, quizá todo se trate de la falta -de la necesidad tan necesaria- de ésta.

Ojalá alguien algún día se ponga en mi lugar, mientras yo no me haya ido.
Ojalá poder estar en el lugar de alguien mientras él está en el mío.
Que estemos en el mismo lugar.
Que estemos.
                            Que de igual el resto
                     


He venido a jugar.
Como si fuese una mera cerilla.
Y eso, que quien juega con fuego, pues se quema duerme calentito.
Qué poco tiene que ver que no me guste este juego con que siempre haya sido más de calor que de frío.
              Te toca tirar.