No me interesa el pronóstico del tiempo, tampoco el estado del césped en el Estadio José Zorrilla. No me interesa el último argumento fascista del imbécil de Trump ni si a mi coche le ha caído un árbol encima. No me interesa si ese lo ha dejado con el otro, tampoco saber cuál es el garito de moda en Valladolid, Madrid o cualquier otro puto lugar del mundo. No me interesa la ropa que llevo, ni cada cuánto es recomendable lavarme el pelo. No me interesa la última medida de política monetaria restrictiva que llevan a cabo desde Bruselas, tampoco ver la película ganadora del premio a mejor película en los Oscars. No me interesa saber qué festival ha sacado las entradas, ni si te has cortado el pelo para dar un girito a tu vida. No me interesa saber nada de la universidad, tampoco sobre nada que me ate a un futuro que no quiero. No me interesa cómo mejorar mi currículum, ni cuántos "squats" tengo que hacer para tener el culo duro. No me interesa el último lanzamiento de Apple, tampoco el útimo libro de Irene X. No me interesa la gente que se ha ido cuando más la necesitaba, ni qué vuelos ha cancelado Ryanair esta vez. No me interesa el artículo de Vogue sobre las tendencias del otoño-invierno, tampoco el trending topic de hoy en Twitter. No me interesa cuándo se hace la barra libre de Económicas, ni si vuelve a estar disponible "Patria" en la Biblioteca Municipal. No me interesa qué miraba Celia Villalobos en su tablet, tampoco las 100 cosas que tengo que hacer antes de morirme. No me interesa el precio de la quinoa en el Mercadona, ni aprender a tocar la guitarra española. No me interesa el estado de mis talones agrietados, tampoco hasta cuándo puedo usar el carnet de estudiante sin serlo. No me interesa el estado de las carreteras, ni la promoción de ALSA por el puente del Pilar. No me interesa cuántas bombillas quiere colocar el alcalde de Vigo por navidades, tampoco cuándo coño me quitaré las pulseras de la muñeca. No me interesa la mierda que posteas en redes sociales, ni salir de fiesta que sólo implique beber. No me interesa si hay periódico los domingos, tampoco que una famosa no se declare feminista. No me interesa nada de la actualidad, no me interesa nada de lo que venga.
No me interesa absolutamente nada que no sea mi familia.
No me interesa nada que no sea una persona.
miércoles, 10 de octubre de 2018
lunes, 24 de septiembre de 2018
Fue la canción, la enfermedad.
Sé que nunca podré dedicarme a la cocina porque es algo que me encanta.
Hay años que parece que nunca se acaban y en el ir y (de)venir de cosas que suceden, la penúltima siempre supera a la anterior.
Si no existiesen los espejos, la gente recordándome el paso del tiempo cada cumpleaños que supero y los nuevos corazones que se han conocido con el mío en este período; juraría que es 2015.
A cada mal momento le precede uno que consideraba malo y queda, finalmente, relegado a un "no tan mal momento". Hasta cuándo.
2018/5. Está siendo de esos años que tiene absolutamente todos los ingredientes para ser de esos años que recordaré toda mi vida.
1996, el año que nací. Una anécdota en tercera persona.
2002, nació mi hermano.
2010, mundial de España. Lo vi en mi pueblo con mi familia, a caballo entre dos casas y mi madre me bajó a la ciudad para que viese la fiesta que había en las calles. La gente desbordaba felicidad por lo que consideraban un logro propio y común. Nunca he visto a tanta gente tan unida.
2013, salí de España sola a un viaje largo por primera vez. En aquel entonces lo consideraba épico.
2015, desde el día 9 en el que sonaba "SPNB" de Ferreiro y yo había ido de rebajas, y había muchísima niebla y aún no tenía carnet.
Y en abril me saqué el carnet de conducir.
Y ya todo el verano de paredes blancas y azules.
Y en octubre a Madrid. Y blanco y azul.
Y no sonaba Ferreiro, pero sonaban otras cosas que sólo me recordaban al momento en que sonaba Ferreiro y lo que sentí.
2018.
Recuerdo la puerta de un Lidl y el calor de cuando empieza el verano y aún no se te ha acostumbrado el cuerpo.
Recuerdo el calor de cuando el verano ya ha empezado pero aún no he sentido nada tras vivirlo todo.
(Me gustaría disculparme con mi yo de antes de este año, de antes de este verano y explicarle que hice lo que podía, que no podía sentir otra cosa)
Recuerdo el final del verano, y el cuerpo sin llegar a acostumbrarse a ese extraño calor que viene de fuera y de nadie. Recuerdo el blanco y el azul, otra vez, sin sonar Ferreiro pero recordándome a aquel 2015, al 9 de enero y al frío de ese día.
Y sentirme extraña porque es inicio de septiembre y son las fiestas de mi ciudad y donde la gente de mi edad y mi entorno disfruta, yo tengo un frío que me muero.
Y tiré por tierra todo, y rompí con todo.
Pero aún con esas, hay cosas que siguen.
Aunque sólo sea por dentro, como la procesión.
Y todo vuelve, hasta lo malo.
Pero con todo también vuelve lo bueno, y cada vez soy más yo.
Con todo lo que ello implique.
Con todos los que ello implique y se impliquen.
El año que más frío hace desde 2015.
Hay años que parece que nunca se acaban y en el ir y (de)venir de cosas que suceden, la penúltima siempre supera a la anterior.
Si no existiesen los espejos, la gente recordándome el paso del tiempo cada cumpleaños que supero y los nuevos corazones que se han conocido con el mío en este período; juraría que es 2015.
A cada mal momento le precede uno que consideraba malo y queda, finalmente, relegado a un "no tan mal momento". Hasta cuándo.
2018/5. Está siendo de esos años que tiene absolutamente todos los ingredientes para ser de esos años que recordaré toda mi vida.
1996, el año que nací. Una anécdota en tercera persona.
2002, nació mi hermano.
2010, mundial de España. Lo vi en mi pueblo con mi familia, a caballo entre dos casas y mi madre me bajó a la ciudad para que viese la fiesta que había en las calles. La gente desbordaba felicidad por lo que consideraban un logro propio y común. Nunca he visto a tanta gente tan unida.
2013, salí de España sola a un viaje largo por primera vez. En aquel entonces lo consideraba épico.
2015, desde el día 9 en el que sonaba "SPNB" de Ferreiro y yo había ido de rebajas, y había muchísima niebla y aún no tenía carnet.
Y en abril me saqué el carnet de conducir.
Y ya todo el verano de paredes blancas y azules.
Y en octubre a Madrid. Y blanco y azul.
Y no sonaba Ferreiro, pero sonaban otras cosas que sólo me recordaban al momento en que sonaba Ferreiro y lo que sentí.
2018.
Recuerdo la puerta de un Lidl y el calor de cuando empieza el verano y aún no se te ha acostumbrado el cuerpo.
Recuerdo el calor de cuando el verano ya ha empezado pero aún no he sentido nada tras vivirlo todo.
(Me gustaría disculparme con mi yo de antes de este año, de antes de este verano y explicarle que hice lo que podía, que no podía sentir otra cosa)
Recuerdo el final del verano, y el cuerpo sin llegar a acostumbrarse a ese extraño calor que viene de fuera y de nadie. Recuerdo el blanco y el azul, otra vez, sin sonar Ferreiro pero recordándome a aquel 2015, al 9 de enero y al frío de ese día.
Y sentirme extraña porque es inicio de septiembre y son las fiestas de mi ciudad y donde la gente de mi edad y mi entorno disfruta, yo tengo un frío que me muero.
Y tiré por tierra todo, y rompí con todo.
Pero aún con esas, hay cosas que siguen.
Aunque sólo sea por dentro, como la procesión.
Y todo vuelve, hasta lo malo.
Pero con todo también vuelve lo bueno, y cada vez soy más yo.
Con todo lo que ello implique.
Con todos los que ello implique y se impliquen.
El año que más frío hace desde 2015.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Externalizando el trabajo sucio, ya dije
A veces no escribo en meses y otras escribo un par de veces por semana.
Escribir es comer hamburguesas.
He aprovechado que estaba acabando un libro que me provocaba llorar de emoción, para llorar todo lo que había querido durante todo el día.
Como cuando en los restaurantes caros pasan entre plato y plato a retirarte las migas del mantel y eso, yo prefiero sitios de hamburguesas donde pueda juntar toda la basura en una bandeja y tirarla toda juntita.
Y no estoy mejor, pero tampoco estoy peor y siempre eso es positivo.
Son las 12 de la noche (casi, menos cuarto) y llevo queriendo llorar
desde el primer sorbo al café (más leche que café) del desayuno.
Lo he hecho ahora, he aguantado.
Y sólo me ha costado discutir con 3 personas, de las 7 con las que he hablado hoy, en las 4 horas que he estado fuera de casa (y de la cama, casi).
Menos dramas, Lidi, que la vida es chuli.
Nadie te dice la de quién.
Escribir es comer hamburguesas.
He aprovechado que estaba acabando un libro que me provocaba llorar de emoción, para llorar todo lo que había querido durante todo el día.
Como cuando en los restaurantes caros pasan entre plato y plato a retirarte las migas del mantel y eso, yo prefiero sitios de hamburguesas donde pueda juntar toda la basura en una bandeja y tirarla toda juntita.
Y no estoy mejor, pero tampoco estoy peor y siempre eso es positivo.
Son las 12 de la noche (casi, menos cuarto) y llevo queriendo llorar
desde el primer sorbo al café (más leche que café) del desayuno.
Lo he hecho ahora, he aguantado.
Y sólo me ha costado discutir con 3 personas, de las 7 con las que he hablado hoy, en las 4 horas que he estado fuera de casa (y de la cama, casi).
Menos dramas, Lidi, que la vida es chuli.
Nadie te dice la de quién.
lunes, 20 de agosto de 2018
El libro del buen humor
"No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste."
Esta noche he llorado viendo una foto de la tumba de Cortázar.
Y me he sentido en casa.
Años después las cosas que me matan son otras, pero me siguen salvando las mismas:
Escuchar Pereza, leer Rayuela.
Cómo voy a romper este absurdo infinito, si así es como yo me designo.
Soy una mera espectadora de mi vida, y odio el puto cine.
Sólo me he leído una autobiografía en mi vida. Qué decepción no saber el final.
Si algún día escribo mi autobiografía me gustaría acabarla prediciendo cómo voy a morir, y poner algo super diferente a como en realidad será y que sea considerado un libro de humor.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste."
Esta noche he llorado viendo una foto de la tumba de Cortázar.
Y me he sentido en casa.
Años después las cosas que me matan son otras, pero me siguen salvando las mismas:
Escuchar Pereza, leer Rayuela.
Cómo voy a romper este absurdo infinito, si así es como yo me designo.
Soy una mera espectadora de mi vida, y odio el puto cine.
Sólo me he leído una autobiografía en mi vida. Qué decepción no saber el final.
Si algún día escribo mi autobiografía me gustaría acabarla prediciendo cómo voy a morir, y poner algo super diferente a como en realidad será y que sea considerado un libro de humor.
jueves, 24 de mayo de 2018
Eh tú, de qué tienes miedo. Deja el aire pasar.
Hoy me he visto corriendo para llegar a una clase que no me interesaba y que sabía perfectamente que no me iba a reportar nada a mi vida.
Ahora mismo, lo único que va mal en mi vida es que no sé qué quiero hacer con ella en el futuro que nada me asegura que viviré.
Y mi pensamiento fluye entre considerarlo un triunfo en la vida o un fracaso estrepitoso.
Porque veo a mi alrededor cómo la gente acaba la carrera que quería estudiar, cómo la gente encuentra trabajo de lo suyo y cómo toman decisiones y no se equivocan.
Y aquí ando yo, con un pie fuera de mi ciudad natal de camino a la búsqueda de mi yo de ahora para mi yo del futuro.
Hemos quedado en Sol, y seguramente dudemos del camino mil veces e incluso puede que nos perdamos.
Pero estaremos haciéndolo todo con un fin, que somos nosotras.
Y el fin nunca justifica los medios, pero hasta en esto, hay excepciones.
Ahora mismo, lo único que va mal en mi vida es que no sé qué quiero hacer con ella en el futuro que nada me asegura que viviré.
Y mi pensamiento fluye entre considerarlo un triunfo en la vida o un fracaso estrepitoso.
Porque veo a mi alrededor cómo la gente acaba la carrera que quería estudiar, cómo la gente encuentra trabajo de lo suyo y cómo toman decisiones y no se equivocan.
Y aquí ando yo, con un pie fuera de mi ciudad natal de camino a la búsqueda de mi yo de ahora para mi yo del futuro.
Hemos quedado en Sol, y seguramente dudemos del camino mil veces e incluso puede que nos perdamos.
Pero estaremos haciéndolo todo con un fin, que somos nosotras.
Y el fin nunca justifica los medios, pero hasta en esto, hay excepciones.
lunes, 23 de abril de 2018
El coronel no tiene quien le escriba
El coronel no tiene quien le escriba, ni yo alguien que alguna vez me haya regalado un libro y una rosa un 23 de abril.
Recuerdo con pudorosa exactitud los momentos de mi vida en que he recibido flores o libros.
Cada vez recibo más flores, a ver si me estoy muriendo.
Prefiero libros antes que flores, excepto si las flores son bonitas y el libro es de Pérez Reverte.
Prefiero también la CocaCola a la Pepsi, excepto si existe cualquier otra opción como agua o un morreo bien dado.
Prefiero el verano al invierno, excepto si hay buena temporada de castañas y mi abuela sigue con lo del extraperlo.
Prefiero estar sola a mal acompañada, excepto si recaigo en esas temporadas en que cualquier otro es mejor compañía, y prefiero externalizar el trabajo sucio.
Prefiero leer a escribir, excepto cuando no tengo auriculares a a mano para estar con Pereza o los Arctic y rescatarme un poco.
Prefiero no beber, prefiero no llorar, prefiero no sentirme mal; excepto cuando la presión social.
Prefiero recibir flores y libros, excepto si existe la posibilidad de que me sigas recibiendo tú.
Y a veces, incluso, traigas flores.
Yo soy un libro, abierto.
Si un día te reconoces cronopio, avísame.
Que ya sabes que dos, son un jardín.
Y desde entonces nos reímos mucho,
cada 23 de abril.
Recuerdo con pudorosa exactitud los momentos de mi vida en que he recibido flores o libros.
Cada vez recibo más flores, a ver si me estoy muriendo.
Prefiero libros antes que flores, excepto si las flores son bonitas y el libro es de Pérez Reverte.
Prefiero también la CocaCola a la Pepsi, excepto si existe cualquier otra opción como agua o un morreo bien dado.
Prefiero el verano al invierno, excepto si hay buena temporada de castañas y mi abuela sigue con lo del extraperlo.
Prefiero estar sola a mal acompañada, excepto si recaigo en esas temporadas en que cualquier otro es mejor compañía, y prefiero externalizar el trabajo sucio.
Prefiero leer a escribir, excepto cuando no tengo auriculares a a mano para estar con Pereza o los Arctic y rescatarme un poco.
Prefiero no beber, prefiero no llorar, prefiero no sentirme mal; excepto cuando la presión social.
Prefiero recibir flores y libros, excepto si existe la posibilidad de que me sigas recibiendo tú.
Y a veces, incluso, traigas flores.
Yo soy un libro, abierto.
Si un día te reconoces cronopio, avísame.
Que ya sabes que dos, son un jardín.
Y desde entonces nos reímos mucho,
cada 23 de abril.
miércoles, 28 de marzo de 2018
Otro año que no. Bueno, sí.
¿Os imagináis que justo el año que no me propongo publicar algo (porque escribir, escribo casi a diario) todos los meses, lo cumplo?
Yo tampoco.
Yo tampoco.
viernes, 16 de febrero de 2018
paraguas, paraguay, paravida
Y es que a veces me entristece muchísimo pensar que nunca nadie me va a escribir algo como "La chica de las mil caras" de Luis Alberto de Cuenca pero tampoco seré la que celebre San Valentín en la Torre Eiffel, y lo que a veces me entristece es lo que otras muchas me alivia.
Porque eso pasa una vez en la vida, y yo puede que tenga la suerte de ser esa a la que dicen "te quiero" de verdad cuando le ven en pijama estornudando, o a la que no le recitan poemas cuando se despierta pero le abrazan cuando escucha su canción favorita en directo y eso es otra forma de poesía.
Y tantas variables para que surja el amor, y tantas que están en negativo.
Y con tantas variables, hay infinitos tipos de amor, que son copos de nieve y nunca es igual que el otro aunque sea la misma tormenta y en Valladolid nieva poco, pero este invierno un poco más que los anteriores y yo creo en el amor.
Y seguramente si hubiese visto "El Beso" de Klimt estando enamorada, o la primera vez que mis moléculas estuvieron en Viena hubiese sido otra cosa, porque el amor con amor siempre es otra cosa ni mejor ni peor sino diferente. Y la vida nos mueve, y nos pone en un sitio y para mi es un Alsa que dejo que me lleve, y que si yo estaba sola con "El Beso" en mitad de Austria al igual que aquel verano que me atropelló Rayuela será por algo, que es la vida y he venido para algo, para vida.
domingo, 7 de enero de 2018
Canción de amor, pero sin música y sin cantar.
Soy un foco de amor, todo el que tengo dentro lo proyecto hacia afuera.
A veces me planteo cómo sería mi vida si todo el amor que he proyectado a gente que era un agujero negro me lo hubiese quedado, como una luciérnaga.
Supongo que mi mayor fortaleza, sería yo misma.
Ojalá un día me nombre en la lista de cosas que más me gustan del mundo.
Supongo que mi mayor fortaleza, sería yo misma.
Ojalá un día me nombre en la lista de cosas que más me gustan del mundo.
Que me pida por Reyes, y que me traiga (de cabeza, cuesta abajo, sin frenos)
El mar de autoestima, las mareas por las que un día te sientes prima de Beyoncé y al otro día su reflejo deformado en una casa de espejos de un parque de atracciones.
Y todo son espejismos de lo que te han hecho ser.
Y si un día estoy muy bien, y a última hora lloro porque nunca voy a poder volver a hacer algo por primera vez con quien quisiese ahora hacerlo por primera vez y luego me río porque "qué tontería, cada persona, un mundo"y luego lloro otra vez porque quiero descubrir la tumba de Cleopatra con esa persona, pero ya ha descubierto hasta lo que le gustaba de desayuno, y yo me siento como con catorce años, y la gente se morrea y unos van a Portaventura y madre mía, que ese se ha morreado con la otra y yo mientras sigo con mis amigos desde hace once años y empezamos a salir a sitios de nuestra ciudad que se descubren nuevos pero luego ya no son tan nuevos y lloro porque me gustaria morir en un avión de vuelta de Nueva Zelanda y no por una insuficiencia cardíaca en uno de los paseos que diese de camino a la universidad de la vida que no quiero tener.
Y luego me río, y luego lloro pero ahora de bonito porque he leído algo de Cortázar y ha sonado algo de los Arctic y la vida va mejor. Y claro que va mejor porque nunca nada fue tan mal como creí, o sí, pero nunca lo sabremos porque no se puede observar la vida de manera objetiva y es un todo de pensamientos subjetivos fluyendo e interconectándose y nosotros ahí por el medio intentando mirar de manera objetiva y con calma los pasos que hemos dado y queremos dar, y no podemos hacer eso porque mientras estás con la cabeza en el futuro te pierdes el presente y qué pasa si mañana te atropella un camión. Somos gilipollas.
Yas, en mi vida me he quedado tan bien.
He de volver más a menudo por aquí, un saludo a todos los que venís a veces.
El mar de autoestima, las mareas por las que un día te sientes prima de Beyoncé y al otro día su reflejo deformado en una casa de espejos de un parque de atracciones.
Y todo son espejismos de lo que te han hecho ser.
Y si un día estoy muy bien, y a última hora lloro porque nunca voy a poder volver a hacer algo por primera vez con quien quisiese ahora hacerlo por primera vez y luego me río porque "qué tontería, cada persona, un mundo"y luego lloro otra vez porque quiero descubrir la tumba de Cleopatra con esa persona, pero ya ha descubierto hasta lo que le gustaba de desayuno, y yo me siento como con catorce años, y la gente se morrea y unos van a Portaventura y madre mía, que ese se ha morreado con la otra y yo mientras sigo con mis amigos desde hace once años y empezamos a salir a sitios de nuestra ciudad que se descubren nuevos pero luego ya no son tan nuevos y lloro porque me gustaria morir en un avión de vuelta de Nueva Zelanda y no por una insuficiencia cardíaca en uno de los paseos que diese de camino a la universidad de la vida que no quiero tener.
Y luego me río, y luego lloro pero ahora de bonito porque he leído algo de Cortázar y ha sonado algo de los Arctic y la vida va mejor. Y claro que va mejor porque nunca nada fue tan mal como creí, o sí, pero nunca lo sabremos porque no se puede observar la vida de manera objetiva y es un todo de pensamientos subjetivos fluyendo e interconectándose y nosotros ahí por el medio intentando mirar de manera objetiva y con calma los pasos que hemos dado y queremos dar, y no podemos hacer eso porque mientras estás con la cabeza en el futuro te pierdes el presente y qué pasa si mañana te atropella un camión. Somos gilipollas.
Yas, en mi vida me he quedado tan bien.
He de volver más a menudo por aquí, un saludo a todos los que venís a veces.
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