martes, 17 de diciembre de 2019

Desarraigo


Mi nombre es desarraigo
y mi apellido es el de mi padre.
Siempre lo fue.

Mi casa es mi casa pero nunca lo será de nuevo.

Mi cuerpo
se esparce en un campo de cebada
y resuenan campanas
y no sé dónde.

Pertenezco a la nada
y es donde habito.

Desarraigo es mi nombre
y mi apellido es el de mi padre.

Lo que mi padre,
jamás sentí tan mío.

Hago en mi el hecho
y rechazo señal que indique lo contrario.

Mi morada es una casa en llamas.

Desarraigo es mi nombre
y mi apellido es el de mi padre.

Allí habito con él.

domingo, 24 de febrero de 2019

El cielo no existe, es mi padre.

Me siento pequeñísima, bebé, niña.
Y cuando esto pasaba, mi padre siempre estaba al lado.
Mi padre no está. En presente, en futuro.

Mi padre no está y no entiendo nada.
Se me han olvidado las tablas de multiplicar, cómo mirar el nivel de aceite del coche y qué hacer cuando se me corta el ali-oli.

Aún no asimilo que el mayor miedo,
quizá incluso el miedo más fuerte e intrínseco que sientes desde pequeña;
ahora sea mi realidad.
Nuestra realidad.


Mi madre hoy ha compartido con nosotros un audio de mi padre diciéndola "te quiero" (uno de los millones dichos).
Aún no había escrito aquí sobre mi padre. Sigo sin poder hacerlo.

jueves, 31 de enero de 2019

Paz, tregua, casa.

Ya no me da tan igual el mundo, o eso aparento.

La vida sigue siendo ese lugar extraño donde hace tiempo pido que haga honor a su fama un dios que sé que no existe; pero en el que me encantaría creer.

Me río como hace tiempo y a veces bailo en casa.
Como cuando te entra la risa tonta en la casa del terror de la Warner.

Me cansa socializar.
Me abruma socializar y pensar en planes fuera de mi rutina o zona de confort.
Lo divertido fuera de mis tiempos preestablecidos para ello me agota. Me hastía.

Ruido de fondo.
Ruido, ruido.
Misma melodía desde hace tiempo.

Incluso cuando parece que, ruido.

Necesito paz, tregua, sol.

Paz, tregua, hogar, casa.