viernes, 16 de febrero de 2018
paraguas, paraguay, paravida
Y es que a veces me entristece muchísimo pensar que nunca nadie me va a escribir algo como "La chica de las mil caras" de Luis Alberto de Cuenca pero tampoco seré la que celebre San Valentín en la Torre Eiffel, y lo que a veces me entristece es lo que otras muchas me alivia.
Porque eso pasa una vez en la vida, y yo puede que tenga la suerte de ser esa a la que dicen "te quiero" de verdad cuando le ven en pijama estornudando, o a la que no le recitan poemas cuando se despierta pero le abrazan cuando escucha su canción favorita en directo y eso es otra forma de poesía.
Y tantas variables para que surja el amor, y tantas que están en negativo.
Y con tantas variables, hay infinitos tipos de amor, que son copos de nieve y nunca es igual que el otro aunque sea la misma tormenta y en Valladolid nieva poco, pero este invierno un poco más que los anteriores y yo creo en el amor.
Y seguramente si hubiese visto "El Beso" de Klimt estando enamorada, o la primera vez que mis moléculas estuvieron en Viena hubiese sido otra cosa, porque el amor con amor siempre es otra cosa ni mejor ni peor sino diferente. Y la vida nos mueve, y nos pone en un sitio y para mi es un Alsa que dejo que me lleve, y que si yo estaba sola con "El Beso" en mitad de Austria al igual que aquel verano que me atropelló Rayuela será por algo, que es la vida y he venido para algo, para vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)