viernes, 3 de julio de 2015

Bah.


Mira.
El otro día fui consciente (así, BOOM) de que no tengo por qué asimilar ni aceptar algunas cosas.

Cosas de las que yo no tengo culpa, de las  que yo no tengo ni voz ni voto, en las que no participo, pero que me destrozan. Tal cual.
Me llevo tiempo presionando y diciéndome que tengo que asimilarlo, que tengo que aceptar que las cosas han sido así, y lo peor, llevo demasiado, demasiado tiempo echándome la culpa.

Me estoy echando la culpa de cosas que no son culpa mía.
Me cierro mentalmente, me castigo una y otra vez no dejando de pensar en todas las cosas que tanto me duelen, y todo, de manera involuntaria.
Debo de pensar que así lo voy a asimilar, que se van a cerrar estas heridas que ya no son heridas, es puta gangrena. Y no.

Mira, me di cuenta de todo esto por un hematoma que tenía en la pierna (Soy un desastre para absolutamente todo),
¿Un hematoma se cura apretándolo? ¿Arañándolo? ¿Quizá, dándole un golpe más fuerte? ¿Haciéndote más daño? No.
Créeme que lo mejor es dejar que cure solo. Procurar que no te duela. Y cuando te quieras dar cuenta ya no quedará ni rastro del hematoma.

Es decir, estoy harta de fingir normalidad, de fingir que me gusta esto, de fingir que no me duele tanto, de fingir que lo estoy aceptando, que lo estoy olvidando con otras cosas; de fingir que quizá algún día lo pueda asimilar.

2015 me está cambiando, la vida (mucho) y a mi misma.
Me está obligando a madurar, a enfrentarme a cosas que yo hasta dentro de años (e incluso nunca) no pensé que me tocaría enfrentarme, a ser feliz a veces pese a todo lo malo, a saber bien de qué va alguna gente, a aprender que la gente no cambia.
La gente sólo cambia a peor, la gente es asquerosamente egoísta, no existe la empatía para algunas personas, y no lo entiendo.
Estoy aprendiendo tanto a valorar lo realmente importante, la gente que siempre ha estado ahí, la gente que sé que estará ahí (que es exactamente la misma de antes) que oye, al menos es algo bueno entre tanto malo,

Estoy harta de dar, dar todo y más de mi y no recibir nada.
No es egoísmo, es correspondencia, es puta empatía.
Estoy tan obsesionada con que la culpa es mía, tengo tal falta de seguridad en mi misma que intento cambiar. Pero no puedo, porque en el fondo tampoco quiero, porque en el fondo sé que la única culpa que tengo de todo esto es permitir que me siga doliendo tanto. Pero eso, no me pienso presionar, será cuando sea, es un hematoma cabezota, pero se irá.

Mira, esto es como esa canción preciosa que te encanta y que siempre te pone triste.
Te prometes no volver a escucharla, pero te flipa.
Esta es la historia de esa canción que te encanta y de lo triste que te pone escucharla.

Puede que te quieran otras, pero es que yo te quería bien.