lunes, 24 de septiembre de 2018

Fue la canción, la enfermedad.

Sé que nunca podré dedicarme a la cocina porque es algo que me encanta.

Hay años que parece que nunca se acaban y en el ir y (de)venir de cosas que suceden, la penúltima siempre supera a la anterior.

Si no existiesen los espejos, la gente recordándome el paso del tiempo cada cumpleaños que supero y los nuevos corazones que se han conocido con el mío en este período; juraría que es 2015.

A cada mal momento le precede uno que consideraba malo y queda, finalmente, relegado a un "no tan mal momento". Hasta cuándo.

2018/5. Está siendo de esos años que tiene absolutamente todos los ingredientes para ser de esos años que recordaré toda mi vida.

1996, el año que nací. Una anécdota en tercera persona.

2002, nació mi hermano.

2010, mundial de España. Lo vi en mi pueblo con mi familia, a caballo entre dos casas y mi madre me bajó a la ciudad para que viese la fiesta que había en las calles. La gente desbordaba felicidad por lo que consideraban un logro propio y común. Nunca he visto a tanta gente tan unida.

2013, salí de España sola a un viaje largo por primera vez. En aquel entonces lo consideraba épico.

2015, desde el día 9 en el que sonaba "SPNB" de Ferreiro y yo había ido de rebajas, y había muchísima niebla y aún no tenía carnet.
Y en abril me saqué el carnet de conducir.
Y ya todo el verano de paredes blancas y azules.
Y en octubre a Madrid. Y blanco y azul.
Y no sonaba Ferreiro, pero sonaban otras cosas que sólo me recordaban al momento en que sonaba Ferreiro y lo que sentí.

2018.
Recuerdo la puerta de un Lidl y el calor de cuando empieza el verano y aún no se te ha acostumbrado el cuerpo.
Recuerdo el calor de cuando el verano ya ha empezado pero aún no he sentido nada tras vivirlo todo.
(Me gustaría disculparme con mi yo de antes de este año, de antes de este verano y explicarle que hice lo que podía, que no podía sentir otra cosa)
Recuerdo el final del verano, y el cuerpo sin llegar a acostumbrarse a ese extraño calor que viene de fuera y de nadie. Recuerdo el blanco y el azul, otra vez, sin sonar Ferreiro pero recordándome a aquel 2015, al 9 de enero y al frío de ese día.
Y sentirme extraña porque es inicio de septiembre y son las fiestas de mi ciudad y donde la gente de mi edad y mi entorno disfruta, yo tengo un frío que me muero.

Y tiré por tierra todo, y rompí con todo.
Pero aún con esas, hay cosas que siguen.
Aunque sólo sea por dentro, como la procesión.

Y todo vuelve, hasta lo malo.
Pero con todo también vuelve lo bueno, y cada vez soy más yo.
Con todo lo que ello implique.
Con todos los que ello implique y se impliquen.

El año que más frío hace desde 2015.