jueves, 7 de abril de 2016

Hacersentirdecir

No pido nada de otro mundo
y por lo visto, tampoco nada de este.

Pocas cosas tengo seguras en mi vida. Por no decir, nada.
No tengo nada claro en mi vida.
Soy como ese pez muerto que se deja llevar por la corriente.
Dejándome llevar por lo-que-se-supone-que-debes hacersentirdecir y es como una eterna lucha cabeza/corazón.

No entiendo a la gente que es puramente racional, que saben domar a su corazón o que simplemente siempre dejan ganar a su cabeza.
Juro que a veces les tengo envidia por saber tomar decisiones dejando a un lado los pensamientos y, sobre todo, los sentimientos en algo que está plagado de ellos.

A veces puede parecer que exagero, que yo no puedo sentir las cosas que siento mucho tan fuerte. Pero es así. Odio las medias tintas, pero no porque sea una decisión, sino porque no sé hacersentirdecir de otra manera que no sea mucho y muy fuerte.
Como todo lo bueno, vaya.

Me pone tristísima contar a alguien algo sobre un tema que me gusta y no poder explayar todo lo que siento por ello para no parecer una perturbada.
De verdad, ojalá alguien, algún día con quien poder hablar de las pasiones de la vida.
Lo que le mueve de verdad a esa persona. Lo que me mueve a mi de verdad.
¿Pero habéis visto la cara, los ojos, los gestos de alguien que te está explicando algo por lo que siente verdadera pasión? FLI-PAS.

Y es que la pasión, si es por un equipo de fútbol, todo guay.

Ahora di tú que te pone tristísima pensar en que jamás vas a conocer a tu escritor favorito, o que con casi total seguridad no llegues a tener nunca tu cuadro favorito. Intenta explicar a alguien que lees a algunas autoras (cuyo fin elegido no fue auto-impuesto) porque te gustan, pero sobre todo porque te duele no haberles conocido para poderles haber dicho: Eh tía, que no estás sola, dame un abrazo. Intenta explicar a alguien lo que sientes al escuchar esa canción, esa melodía. Que te pone contentísima el  mero olor de un perfume que usabas hace tres años, que recuerdas el olor de esa persona casi tanto como el color de sus ojos. Que tienes pánico al olvido de los buenos momentos, que has sido consciente de que son la gasolina para el resto. Ahora vas tú, con un par, y le intentas explicar a alguien que ser joven está de puta madre, pero no quieres ser joven. Y no es no querer ser joven porque quiera ser mayor. Es el vértigo al no saber, la incertidumbre. Intenta explicar que es como que pasan los días como si esperases a algo en tu vida, como cuando esperas al verano, pero dentro de varios años. Me mata el "¿Y si no?"...

Pero yo qué sé, mi reino por saber qué hacer con todo.

Y la pregunta de mi vida; ¿Encontraré a alguien que me entienda algún día?