domingo, 3 de febrero de 2013

¿Mare Nostrum?


Creo que si me gusta tanto meterme en el mar y sumergirme en las olas desde que rozo la orilla es por la sensación que te provoca.
Sí, hablo de la sensación esa de ver que no tiene fin, de que ves el horizonte y que , en el siglo en el que estamos ya sabemos que no hay un precipicio, que el mar continúa, sigue hasta llegar a otra orilla donde otra como yo pensará en quién estará al otro lado del horizonte y en qué pensará.
La sensación de cuando buceas en el mar y sientes que eres como un granito de arena en ese océano de nunca acabar, como ese pez que no encuentra su corriente... Así te sientes tú como un barco a la deriva, al antojo de esas olas infinitas y vuelta a empezar.
¿Y la libertad que se siente?
 Poco se habla de la libertad que da el saber que estás a merced de las olas, de la corriente. Poco se sabe de la libertad que siente al saber que al final no hay un precipicio, que es algo continuo, infinito y vuelta a empezar. Y demasiadas pocas veces se sienten los precipios bajo el agua, lo de meterte cada vez más y más hacia dentro del mar, como pretendiendo llegar a la otra orilla nadando, como intentando notar que tus pies ya no rozan la arena del fondo y que ni lo intentes porque podrías no contarlo, porque todos sabemos que el problema no es bajar al fondo, el problema es tener la suficiente fuerza como para subir de nuevo. Y el llegar a donde nadie más está , tan lejos de la orilla que casi no distingues las banderas de peligro y meter la cabeza,y mirar al fondo...y ver el precipicio que hay bajo tus pies y darte cuenta de la ironía, de la diferencia...De que gracias agua por salvarme la vida, porque si esto llega a ser un acantilado y llego a estar a esta altura del suelo hace tiempo que hubiese caído.Y también al revés, si estoy en el fondo ya no puedo caer , gracias acantilado por mantenerme con los pies en el suelo y no dejarme caer más , que el problema del agua como ya he dicho antes no es bajar, es subir y el del acantilado no es subir, es bajar(caer).
Adoro el mar por la adrenalina que desprende algo tan simple y tan vital como el agua.
Quizá esté en mi forma de ver las cosas , lo de ver la belleza y pensar todo demasiado como para que me parezca bello. O quizá que es la mar la que lleva cautivándonos desde el inicio de los siempres.

Quién sabe...


"Al igual que tú, 
si me mantengo a flote ha sido porque 
nunca he dejado de nadar"
                                           Joaquín Sabina, "Aprendiendo a vivir"