jueves, 29 de agosto de 2013

¿Quién puede estar sin morirse por nada?

He dado tantas vueltas en la cama como me ha permitido la bruma.
Y he rodado y rodado para escaparme del abismo de tus ojos. Y me he agarrado a mástiles, a marineros encantados por sirenas, a Ulises que poco sabían de epopeyas, a mi misma, a mi sola...
Pero he caído.

He caído en la cuenta de que 1+1 no siempre son 2 y que 2 ojalá no sea 1+1. Y que qué triste es el 2-1, y aún más el 1-1. 0. Vacía. O llena.

¿Y si soy la luna? ¿Y si cuando no estoy, soy nueva? ¿Y si cuando me siento un cero al oeste soy llena? ¿Y si crezco y menguo pero sigo siendo llena donde no me ven? ¿Sabrán las nubes de esto?

¿Habrá mirado Ulises su destino en mi? ¿Y si es él el que escapa de mis antojos con las olas, de mis marejadas? ¿Y si es él el que escapa de mis ojos, el único que no desea navegar de noche? ¿Por qué no deja suelto el timón y deja que nos guie la mar? ¿Por qué no se sienta en el mástil más alto y mira la tierra a lo lejos, conmigo? ¿Tan complicado es dejar suelto el timón de tu barco? ¿Es por no poder dejar tus manos libres de responsabilidad?

Déjame ser la marejada, déjame guiar tus mareas, déjame ser, déjame estar. (no me dejes)