miércoles, 22 de agosto de 2018

Externalizando el trabajo sucio, ya dije

A veces no escribo en meses y otras escribo un par de veces por semana.
Escribir es comer hamburguesas.

He aprovechado que estaba acabando un libro que me provocaba llorar de emoción, para llorar todo lo que había querido durante todo el día.
Como cuando en los restaurantes caros pasan entre plato y plato a retirarte las migas del mantel y eso, yo prefiero sitios de hamburguesas donde pueda juntar toda la basura en una bandeja y tirarla toda juntita.

Y no estoy mejor, pero tampoco estoy peor y siempre eso es positivo.

Son las 12 de la noche (casi, menos cuarto) y llevo queriendo llorar
desde el primer sorbo al café (más leche que café) del desayuno.
Lo he hecho ahora, he aguantado.
Y sólo me ha costado discutir con 3 personas, de las 7 con las que he hablado hoy, en las 4 horas que he estado fuera de casa (y de la cama, casi).

Menos dramas, Lidi, que la vida es chuli.

Nadie te dice la de quién.