jueves, 23 de marzo de 2017

Feliz día.



Mi corazón late no porque quiera, sino porque no sabe hacer otra cosa.
Y la inercia, los pasos bajando una calle, el traqueteo del tren, las agujas del reloj, el sonido de una voz y el compás de la canción que está sonando le incitan a ello.

Que también si respiro es más por tradición que porque me apetezca hacerlo, lo admito.
Nada me quita el aliento pero nada me lo provoca.
Para qué quiero inspirarme si no sé a qué aspiro.

Mi corazón late acompasado al ritmo de mi vida, eso explica todo.

Eh, espera.

¿Oyes eso?
Son las flores renaciendo.

Ha llegado la primavera y ha arrasado con todo.
Y mira, oyes eso. Y es mi corazón latiendo.
Si por cada vez que he hecho algo mal naciese una flor, ya me jodería ser alérgico.

Hoy es el día,
pero ese día no. Otro.

Convierto las flores que un día recibí sin haber pedido en flechas que tirar al remitente.